En los últimos años, diferentes estudios publicados han destacado la importancia de los vínculos en nuestra salud, incluso en la longevidad. Bien es cierto que somos seres gregarios, venimos al mundo en grupos familiares. Esta primera forma de vincularnos va a determinar cómo lo haremos con otras personas a lo largo de nuestra vida.
No siempre los primeros momentos de nuestra existencia son fáciles: embarazos no deseados, familias disfuncionales, situaciones de pobreza o conflictos bélicos. La historia vincular de nuestros antepasados también puede estar grabada en nuestro inconsciente. La buena noticia es que el escenario en el que llegamos al mundo importa, pero no lo es todo a la hora de relacionarnos.
El punto de partida: las heridas de la infancia
Los acontecimientos vividos en nuestra primera infancia en relación a los afectos van a ser percibidos con una intensidad especial, dada la vulnerabilidad que presentamos en esa etapa. Dando lugar a heridas relacionadas con nuestros vínculos primarios, padres o personas que hayan cumplido esa función. Estas heridas pueden ser miradas con amor a pesar de las carencias, para restablecer nuestro equilibrio y permitirnos vincularnos de una manera saludable en nuestra vida adulta.
Herida de abandono
Está producida por abandono físico o emocional en los primeros años de la vida. Puede ser también heredada de nuestros antepasados con una penetrancia de hasta cuatro generaciones, cuando la herida fue profunda o repetida en el clan familiar. Esta herida puede originar miedo a la soledad o relaciones muy dependientes. Puede estar en el origen de formas de apego ansioso en nuestras relaciones adultas.
Herida de rechazo
El niño siente que no es suficiente. Dando lugar a un defecto en la valoración y autoestima en la vida adulta. Puede desarrollar miedo al abandono, relaciones dependientes con componente ansioso, autoexigencia y perfeccionismo extremos con el fin de ser aceptado.
Herida de humillación
Surge cuando el niño ha sido sometido a burlas críticas o comparaciones. Puede dar lugar a dificultad en la expresión de sus emociones, para no ser juzgado. En la vida adulta se manifiesta con sentimientos de vergüenza o baja autoestima en sus vínculos.
Herida de traición
Surge cuando el adulto no cumple sus promesas y el niño se siente engañado en situaciones sucesivas. En la vida adulta se manifestará como una dificultad en confiar en la otra persona e hiper vigilancia dando lugar a relaciones con exceso de control, con dificultad en la intimidad, puede estar asociado al apego evitativo.
El apego como forma de relacionarnos
El apego es aferrarse a lo que es impermanente. Hay una gran diferencia entre el apego y el amor. Podemos diferenciarlo en los siguientes aspectos:
En el amor:
- Se desea el bienestar del otro.
- Cuida y respeta.
- Acepta el cambio.
- Da libertad.
En el apego:
- Necesita al otro para sentirse completo.
- Se ejerce control.
- Se resiste al cambio.
- Genera dependencia.
Podemos apegarnos a personas, Ideas, roles, emociones, cosas materiales, estados mentales, etcétera.
¿Cómo se genera el apego?
Primera etapa: desde el nacimiento hasta los dos primeros meses de vida. El bebé utiliza reflejos como el llanto para reclamar el cuidado y la proximidad de sus cuidadores.
Segunda etapa de los 2 a los 8 meses. Comienza la formación del apego, estableciendo la preferencia de sus cuidadores, aquí la madre suele jugar un papel especial o en su ausencia el cuidador primario. Los primeros síntomas de ansiedad se manifiestan frente a su separación, volviendo a la calma cuando regresa. Algunos autores refieren a esta etapa como el origen de los componentes neuróticos de la personalidad adulta, que todos en mayor o menor medida poseemos.
Tercera etapa. Consolidación del apego. Más o menos hasta los 2 años de vida, se caracteriza por intenso componente ansioso en la separación, siendo el vínculo más importante con la figura materna.
Cuarta etapa: establecimiento de las relaciones recíprocas. El niño empieza a comprender las necesidades de sus cuidadores, soporta mejor las ausencias, comprobando que no son abandono. A partir de los dos años la figura paterna o persona que haga sus funciones es importante. Se considera el socializador, quién presenta al niño el mundo y le da la seguridad en su forma de relacionarse fuera del hogar primario.
Aunque el apego se origina a partir de la relación con nuestros cuidadores en la infancia, no es imposible de superar en nuestras relaciones adultas. Podemos llegar a conseguir un apego seguro adquirido cuando nos relacionamos con personas emocionalmente seguras y trabajamos con conciencia y amor previamente nuestras heridas o carencias.
El despertar del apego en la vida adulta
Cuando se produce el encuentro con otra persona en primer lugar nuestro cerebro asocia esa experiencia con las vivencias guardadas en nuestra memoria emocional. Nuestro sistema límbico reconoce patrones que nos son familiares. A continuación, hay un periodo de transición donde los neurotransmisores liberados, en especial la dopamina, van a crear un estado alterado de conciencia temporal, que da lugar al deseo. Cuando se intensifica la mente crea la idea de esto es mío. Me pertenece. Esto soy yo. Y debería permanecer y no cambiar.
En ese momento el deseo se convierte en apego. Podríamos decir, que el apego es el deseo que se aferra. Es una actitud mental en respuesta a una herida. Parte de la confusión de creer que algo in permanente puede darnos seguridad duradera. Siempre conlleva miedo a perder ansiedad y frustración. Sufrimiento en los cambios. Sufrimos porque nos negamos al cambio.
Apego no es amor
Obsérvate Cuando sientas malestar pregúntate. ¿A qué me estoy aferrando? Hazlo sin culpa. No te fuerces a soltar sólo observa con claridad. La comprensión debilita el apego.
Existen diferentes tipos de apego:
Apego seguro
Se forma en nuestra infancia cuando hemos tenido cuidadores estables y afectuosos en la edad adulta. Establece vínculos relacionales sanos y equilibrados basados en la confianza y reciprocidad mutuas.
Apego ansioso o ambivalente
Surge cuando los cuidadores primarios tenían conductas inestables y contradictorias. En la edad adulta suele generar en los vínculos miedo al abandono o necesidad de excesiva dependencia y validación de las parejas.
Apego evitativo
Se puede desarrollar cuando Los cuidadores primarios son emocionalmente fríos o ejercen situaciones de poder desproporcionadas. En la vida adulta la persona evitará la intimidad en los vínculos para no mostrar su vulnerabilidad.
Apego desorganizado
Se origina cuando los entornos en las relaciones primarias han sido traumáticos o desorganizados. En la vida adulta se tiene necesidad de cercanía, pero la confusión impide mantener relaciones estables. Pueden dar lugar a relaciones de amor- odio.
Etapas en la formación de los vínculos adultos
Siempre relacionamos estas etapas con el amor de pareja, pero se pueden extrapolar a otro tipo de relaciones haciendo los pertinentes ajustes.
Enamoramiento
Esta es una etapa dominada por la producción de mediadores químicos, en especial neurotransmisores y se inicia como antes hemos citado, con el reconocimiento de algo familiar guardado en nuestra memoria emocional. Nos atraen personas que presentan algún tipo de rasgo, vibración o conducta que resuena en nuestro sistema límbico de forma inconsciente.
Liberamos grandes dosis de dopamina y oxitocina que generan una sensación, de euforia y felicidad. En esta etapa no vemos a la otra persona como realmente es, sino de forma idealizada por cómo nos hace sentir.
Conocimiento
En esta etapa, ambas personas empiezan a mostrarse como realmente son, no con comportamientos idealizados sino con conductas reales.
Conocer a la otra persona es un proceso maravilloso para conocernos mejor a nosotros mismos. Sin embargo, nos baja a una realidad más tangible donde no todo son fuegos artificiales.
Decepción o lucha
Esta es una de las fases más difíciles en la construcción de relaciones saludables. Cuando desaparece la idealización y salen a la luz los defectos, las diferencias de valores u opinión. En esta etapa es fácil confundir desilusión con incompatibilidad. Es donde se producen el mayor número de rupturas y abandonos en la construcción de los vínculos.
Aprendizaje y superación
Esta etapa requiere un gran esfuerzo de conciencia y sanación personal para cada una de las partes. Aprender a aceptarnos como somos y a la vez acompañarnos en la propia transformación mutua que es en realidad el amor.
Compromiso consciente
Esta es una etapa crucial, cuando ambas partes deciden libremente con responsabilidad afectiva construir el vínculo profundo, aceptando la resolución de los conflictos y problemas que puedan surgir de forma conjunta, sin juicios y sin culpas. Aportándose mutuamente paz, crecimiento y libertad de forma consciente y generosa. Decidir con conciencia construir el vínculo.
El vínculo profundo
Es la etapa más fructífera, se genera una conexión profunda manteniendo la independencia, sin perderse en la otra persona. El vínculo se basa en la verdad, el respeto, la libertad y el apoyo mutuo constantes frente a la adversidad.
La crisis de la individualidad
La forma de relacionarnos en el mundo moderno está cambiando. La inclusión de las redes sociales en nuestras vidas ha transformado nuestros vínculos en procesos donde la inmediatez y un universo de múltiples posibilidades nos ha llevado a utilizarlos como un accesorio más de nuestras vidas. Si bien pueden ser una herramienta para conocer a otras personas, son utilizadas casi siempre como un escaparate ficticio para pasar el rato. Por un lado, las relaciones han aumentado en libertad, sin embargo, han disminuido en autenticidad y falta de empatía. Como consecuencia el ser humano se refugia en su territorio conocido, en su individualidad más esmerada para sobrevivir. Atendiendo a los eslogan y propuestas de moda en el autoconocimiento. Cómo: no necesitas a nadie para ser feliz o mejor estar sol@ que complicarte la vida con una relación.
Amarnos a nosotros mismos es desde luego la primera opción de bienestar en nuestra vida, sin embargo, encontrarnos con el otr@ también lo es, esto implica un conocimiento más profundo y esmerado de nosotros mismos para llevar a cabo la construcción de vínculos sanos.
Con frecuencia, volvemos a la decisión fácil de sobrevivir sin complicaciones, albergando la idea errónea de que no necesitamos a nadie.
Desde las sociedades más primitivas el ser humano ha manifestado la necesidad de compartir con otros, no solo las tareas para la supervivencia también los afectos.
Somos seres emocionales. Reconocernos de forma sencilla y completa. Mirar nuestra necesidad del vínculo no desde la carencia ni desde la herida sino desde la completitud y el conocimiento mutuos, es desde mi punto de vista un avance para la humanidad
Cómo crear vínculos sanos
1- El punto de partida para crear cualquier vínculo es el amor propio, revisa cómo te relacionas contigo mism@.
2- Acepta tu sombra, tus miedos e inseguridades son el lenguaje de tu inconsciente. Obsérvalos con conciencia y compasión. Tienen su función de protección.
3- Date el tiempo necesario para procesar la frustración y cerrar vínculos anteriores.
4- Mira la herida de tu infancia como parte de tu evolución, intégrala en tu vida adulta como conocimiento.
5- Cuando comiences un vínculo acepta que la otra persona trae su propio bagaje de experiencias y dolor emocional. No pretendas cambiar al otr@.
6- Haz pactos de confianza, generando un espacio seguro con responsabilidad afectiva mutua, donde la promesa de tratarse bien en el peor de los escenarios es la más importante.
7- Para construir vínculos saludables los valores de ambas partes conviene que sean similares. En especial en cuanto al respeto, la verdad y la reciprocidad.
8- La comunicación verbal no es el único idioma de los vínculos, también lo son la presencia y la conexión energética.
9- Evita el silencio, aunque la situación te incomode responde a la demanda del otro. Respetando tus tiempos y los suyos, pero dando respuesta.
10- Sé coherente con lo que sientes, todo puede ser expresado. Es un acto de generosidad tratar a la otra persona como te gustaría que te trataran a ti.
11- Utiliza la comunicación no violenta para relacionarte: observa sin juzgar ni culpar. Reflexiona en lo que te hace sentir y expresa tus necesidades y peticiones con empatía.
12- Cuando las palabras no son puente de comunicación utiliza la mirada o el abrazo para generar sincronicidad límbica. Durante 2 minutos mínimo nuestro cerebro emocional no entiende el lenguaje del ego y si el del cuerpo.
13- Haz sitio en tu vida para crear nuevos vínculos y sigue creándolos a lo largo de toda la vida.
Quizás estas propuestas te hagan pensar en que relacionarte y crear vínculos sanos es muy trabajoso. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Es un proceso apasionante de conocimiento y evolución al que no deberíamos renunciar.
Tal vez una de las principales tareas que implica es mantener nuestra autenticidad sin perdernos en el otro, mostrándonos como realmente somos y a la vez asumiendo el proceso transformador que el propio vínculo, a través del amor, conlleva.

